¡La Importancia de un buena ancla!

La importancia de un buen ancla

¡La Importancia de un buena ancla!

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Posted by Centro Cristiano Latinoamericano on Sunday, March 15, 2020

Es increíble ver cómo han cambiado las embarcaciones a través de la historia. Existen barcos de toda clase y tamaño. Cada vez están mejor equipados y se han convertido en verdaderas ciudades flotantes. El crucero más grande del mundo hasta hoy ,es el “Harmonía de los Mares”. Este puede transportar 6360 pasajeros y tiene al parecer más de 2747 camarotes, un teatro para más de 1300 personas y tiene hasta una replica del parque Central de Nueva York. Cuenta con sistemas ultra-modernos de comunicación y suben a el, personas de todas partes de mundo en cada uno de sus viajes. 

Este barco es un microcosmos del mundo en el que vivimos. Ciertamente el mundo se ha hecho un pequeño lugar en comparación con lo que conocíamos hasta hace poco. Las personas nos movemos de un continente a otro en cuestión de horas y llevamos en nuestro equipaje, no solamente nuestra ropa, sino también nuestras ideas, cultura y como estamos también experimentando estos días, también nuestras enfermedades y problemas.

Juntos estamos en un barco que actualmente esta siendo golpeado por una gran tormenta. Esta tormenta que hace unas semanas parecía ser un problema que solo afectaría a China, hace 5 días afectaba a111 países, y ahora  son 140.  El barco se mueve de un lado a otro de tal manera que las bolsas de los mercados se tambalean, y la gente se llena de temor a lo desconocido y los gobiernos declaran estado de emergencia. Cuando los barcos enfrentan las tormentas a fin de no ir a la deriva y sin rumbo lanzan el ancla a lo profundo de la mar y se posiciona el barco en contra de la corriente!

Es en ese momento que sabremos qué tan buena es el ancla y la cadena con la que contamos para no salir arrastrados en medio de la tormenta. El escritor de Hebreos nos dice que la promesa firme  de Dios y su Juramento son la base de nuestra esperanza. La promesa es el ancla y su juramento es como la cadena que une el barco al ancla. Tan importante es lo uno, como lo otro. El juramento da firmeza a la promesa dada, pues se jura por alguien mayor.

Su Palabra nos recuerda que Abraham recibió promesa de Dios, pero tuvo necesidad de paciencia para alcanzar la promesa. Mientras esta promesa llegaba, Abraham tuvo que enfrentar muchas tormentas en su vida.  La vejez, la esterilidad, problemas familiares, falta de alimentos, enemigos, etc. Todo esto formaban tormenta tras tormenta para Abraham, pero el tenia esperanza que la promesa de Dios era firme y su juramento sólido.

Podemos percibir a nuestro alrededor la preocupación de las personas y es una preocupación valida. Pero el miedo que vemos a nuestro alrededor no es proporcional a lo que en verdad esta sucediendo, dicen algunos expertos. La verdad es que lo que estamos viendo es que muchas anclas no están siendo lo suficientemente fuertes para sostener algunos barcos. Las cadenas de confianza se están rompiendo y colapsando. No se puede lanzar al mar un ancla en desesperación sin que esta se rompa y dañe. Hasta una oración a Dios con desesperación demuestra más dudas que fe. 

Tal vez tú estas pasando hoy a través de una de esas tormentas.  El miedo de lo que ha de suceder mañana te esta haciendo más daño a ti, que el virus mismo a algunos enfermos. La preocupación por lo material y los proyectos fallidos te quitan la paz y no te dejan acercarte a Dios con paz en tu corazón. Es hora que sepamos que tenemos una promesa y un juramento encallados no en un suelo ligero, sino que estamos anclados en la profundidad de la presencia de Dios.

Es una esperanza que ha penetrado hasta detrás del velo en el templo celestial!  Nuestra ancla puede mantener tu barco firme, pues esta encallada en la misma presencia de Dios. Tu fe y esperanza no dependen de la bolsa de valores, las medidas que tomen los gobiernos, o cualquier otra cosa superficial y pasajera. Estas dependen de lo que Jesús ya hizo por ti, cuando el Padre le envío al mundo a buscarte.  

Si verdaderamente deseas tener paz en medio de la tormenta, y que tu alma este firme y segura, haz lo que hizo Abraham y cantó el Salmista:

Alzaré mis ojos a los montes;

¿De dónde vendrá mi socorro?

Mi socorro viene de Jehová

Que hizo los cielos y la tierra.

No dará tu pie al resbaladero

Ni se dormirá el que te guarda.

Luis R. Cañas, pastor