¡Yo soy la puerta!

Yo soy la puerta Pascua

¡Yo soy la puerta!

Hace aproximadamente 5 años, hicimos un viaje con mi esposa a una de las mas preciosas ciudades de España: Granada.  Recuerdo que de niño leía un libro que contaba una historia que acontecía en Granada, y de allí el deseo de conocer esa ciudad. La verdad que es una ciudad con mucha historia y al pasear por toda la ciudad, una de las cosas que me llamo la atención fueron las puertas de algunas de sus casas. Eran puertas de madera labradas y de muchos detalles. Las había con metal incrustado y este labrado dando diferentes formas que hacían de esas puertas toda una obra. Las puertas nos dicen mucho acerca de lo que nos espera adentro. Son una invitación a entrar por ellas, y nos hablan de lo que nos espera adentro.  Porque aunque las puertas pueden ser una obra de arte, igual, toda puerta tiene una función especifica. Dar acceso a las personas a fin que estas puedan pasar de un lugar a otro. 

Alguien pudiera decir que una puerta cerrada no existe para dar acceso, sino para evitar el acceso de las personas. Es cierto, pero también es cierto que si no queremos dar nunca acceso a nadie, la puerta se vuelve innecesaria y lo que necesitaríamos es quitar la puerta y construir un muro y así nos aseguramos que nadie pueda tener acceso de un lugar en particular a otro. El propósito de la puerta, es dar acceso, no simplemente evitarlo. Cuando Jesús dice: “Yo soy la puerta”, nos esta diciendo yo soy el acceso por el cual tu puedes pasar del lugar donde hoy te encuentras y llegar al lugar donde tu quieres estar.  Ahora que has estado en confinamiento forzoso. ¿Cuantas puertas  has cruzado en tu casa? Cruzas la puerta de tu recamara para descansar, la del baño para tomar una ducha, y allí mismo abres y cierras puertas. Sin contar las veces que hemos abierto las puertas del refrigerador!

En la vida hemos también atravesado muchas puertas.  Algunas de esas puertas hubiésemos deseado nunca haberlas cruzado. Se veían muy llamativas, y nos ofrecían algo bueno dentro de ellas, pero no fue así. Salomón abrió las puertas del hedonismo, buscando toda clase de placeres y escribe:

“Dije yo en mi corazón: Ven ahora, te probaré con alegría y gozarás

de bienes. Mas he aquí esto también era vanidad.”       Ecl. 2:1 

Medita por un momento, ¿cuales son las puertas que desearías nunca haber cruzado? ¿Qué puertas estas por cruzar ahora? ¿Qué puerta te están sugiriendo que abras? Cuidado! Hay puertas que no son para ti. Lastimosamente, Adán fue la puerta por la cual entró el pecado al mundo y con ello la muerte. Su desobediencia al mandato de Dios, marcó para siempre la raza humana.  Pablo escribió a los Corintios:

“porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también

por un hombre la resurrección de los muertos. “           I Cor. 15:21

Examinemos por un momento, lo que sucedió con Adán y su familia. Ambos fueron expulsados del lugar donde Dios los tenia en bendición. Comprendamos este principio imperecedero: Dios siempre bendecir a sus hijos. Pero la desobediencia, nos aleja de Dios y sus bendiciones. Cuando un hombre o una mujer decide cruzar la puerta de la desobediencia, entonces vienen consecuencias a todo el hogar.  La unidad en el hogar se rompe. Hay pleitos entre esposos, entre padres e hijos, todo se puede volver un caos. Cuando los hijos deciden cruzar las puertas de la desobediencia  pueden echar a perder su futuro.  Y con esto se cumple lo que Jesús describió como la obra de Satanás, quien viene solo a robar, matar y destruir.  En estos días, eso es lo que vemos a nuestro alrededor.

Sin embargo, recuerde Jesús dijo:

“Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará

y saldrá, y hallará pastos.” Juan 10:9

Me llama la atención que Jesús se describe como una puerta por la cual puedes entrar, y al entrar por esa puerta hallarás salvación. Y cuando salgas nuevamente por esa puerta, algo habrá cambiado en tu vida. Porque cuando salgas de allí , no saldrás con una conciencia cargada. No saldrás con una mala conciencia, o llorando por haber dejado atrás algo valioso. No, el dice, que después de entrar, y estar con el, cuando salgas hallarás pastos. Donde antes solo había desierto, una vez que hallas entrado por esa puerta, y vuelvas a salir, ahora hallarás manantiales en el desierto. Por un hombre entro la muerte, más por un hombre entro también la salvación.  Contrario a la obra de Satanás, el ha venido para que tengamos vida y vida en abundancia. 

En Adán, añade Pablo, todos mueren; pero en Cristo, todos serán vivificados. Decir Cristo, es decir resurrección. Es decir , pasar de muerte a vida.  No importa que puerta hayas cruzado. Jesús voluntariamente cruzó la puerta de la muerte para que tu y yo pudiésemos pasar la puerta de la resurrección.

En un día como hoy, quizá te encuentres en lugares y situaciones que tu no quieres estar. Cruzaste puertas de las cuales piensas que nunca podrás escapar. Pero justo para esto vino Jesús al mundo. Para mostrarte que hay una puerta de salida. Es una puerta de emergencia, entra por ella, y hallaras reposo para tu alma. Recuerda, el dijo: Yo soy la puerta. 

Ahora es Jesús quien esta a las puertas de tu corazón y llama a ellas diciendo: He aquí yo estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz, y abre la puerta, yo entraré a el. Y cenaré con el, y el conmigo. Abramos la puerta a Jesús este día.

Posted by Centro Cristiano Latinoamericano on Sunday, April 12, 2020

Luis R. Cañas, pastor